Los prostitutos del centro llaman a sus clientes “los oficinistas”,
pues en gran parte son administrativos y profesionales de clase
media alta, que se “escapan” a la hora de almuerzo o
después del trabajo para tener sexo con otros hombres. La
mayoría son casados y padres de familia que se autodefinen
como heterosexuales por temor a la censura social.
Leyla Ramírez La Nación
Era una noche de viernes. Adela había ido al cine con su
marido y seis amigos. Después de la película decidieron
ir en patota a su casa. Pedro, su marido, se fue a la cocina. Ella
preparó tragos para todos. Para él, un gin con tónica,
como le gustaba. Pero cuando fue a dejárselo, el vaso se
le cayó de las manos: su marido, ese hombre con el que estaba
casada hacía dos años, se estaba besando apasionadamente
con Rafael, un amigo común. Luego vino el desastre. Adela
subió corriendo a su pieza y gritó llorando:¡váyanse
todos de mi casa, maricones de mierda!
Esta historia real dio vida al libro La Dificultad de ser Gay en
Chile y en Todas Partes (Editorial Sudamericana), de Adela Wilson,
nombre ficticio de la autora, quien pese a la experiencia sufrida
se internó en el mundo de la homo y bisexualidad para conocer
los factores que inducen a alguien a ocultar algo así. Su
conclusión es tajante: el doble estándar parece ser
el único recurso para disimular, esconder o negar una inclinación
sexual demonizada y condenada socialmente.
Si bien este es uno de los factor que explica la bisexualidad en
nuestro país, el fenómeno es mucho más complejo
y no puede entenderse sólo bajo el prisma de una homosexualidad
no asumida.
Lo que sí está claro es que existe, que no es tan
marginal como se piensa, que son personas más comunes y corrientes
de lo que imaginamos y que se esconden bajo un manto de silencio
para evitar la censura social.
SEXO CLANDESTINO
En Chile no existen estadísticas que den luz sobre la cifra
real de bisexualismo. En la Encuesta Nacional de Comportamiento
Sexual, realizada en 1988 por el Ministerio de Salud, un 0,3% de
los entrevistados se declaró homo- bisexual y un 0,1% bisexual,
cifras que oficialmente se consideran por debajo de la realidad,
ya que un sondeo anterior de la Fundación Nacional Contra
el Sida (Funacs, 1996), efectuado en estudiantes jóvenes
de ambos sexos, un 2.7% de hombres y un 1.1% de mujeres declararon
actividad sexual con una persona de su mismo sexo. A la subnotificación
se suma un hecho indesmentible: a mayor discriminación y
homofobia en una sociedad, menor reconocimiento del homosexualismo
o la bisexualidad.
Pero no sólo las cifras dan cuenta de que el bisexualismo
es parte de nuestra realidad diaria. Una reciente investigación
sobre prostitución masculina para hombres en Santiago, realizada
por el Movimiento Unificado de Minorías Sexuales y el Centro
de Estudios de la Sexualidad (CES), vino a confirmar un secreto
a voces en nuestro país: una parte importante de los clientes
de los trabajadores sexuales masculinos, tanto callejeros como de
“privados”, son hombres casados y padres de familia.
“Me he acostado con casados con argollas y todo. Tipos a los
que la mujer los ha llamado al celular”, confesó a
La Nación Francisco, un prostituto callejero de Santiago
Centro.
Fernando Muñoz, sociólogo e investigador de este estudio,
destacó un dato revelador: “Los prostitutos del centro
denominan a sus clientes los oficinistas, ya que gran parte son
administrativos o profesionales medios que ocupan sus horas de colación
o fines de semana para llevar a cabo estas prácticas sexuales
fuera del hogar. La mayoría se autodefine como heterosexual”.
EL SILENCIO Y LA DISCRIMINACIÓN
Muñoz cree que un número no menor de estas personas
son homosexuales no asumidos. “Muchos tienen grandes confusiones
con su sexualidad, muchas trancas. Otros se casan por apariencias,
eso se da especialmente en los de generaciones más antiguas”,
dice.
Esta opinión es compartida por Anabella Arredondo, coordinadora
ejecutiva de la Comisión Nacional del Sida (Conasida), quien
sostiene que la homosexualidad o las conductas homosexuales son
fuertemente rechazadas en todos los niveles sociales. “Generalmente
ocurre que cuando tienes un entorno tan sancionador, como estrategia
de adaptación empiezas a buscar formas de ocultar esto y
entre ellas está esconderse detrás de una pantalla
heterosexual, pese a tener una orientación o deseo sexual
hacia personas del mismo sexo, el que practican de forma clandestina”,
dice la profesional.
Arredondo indica que, pese a eso, también hay etapas en la
vida de una persona -como la adolescencia- donde existe cierta ambigüedad
e indecisión respecto a la orientación sexual, lo
que se conoce como un “período exploratorio”.
Otros especialistas en tanto sostienen que la bisexualidad es también
una opción y que efectivamente hay personas que gustan indiscriminadamente
de ambos sexos.
Constanza Raurich, sicóloga clínica, piensa así.
Según su experiencia profesional, el ocultamiento de la bisexualidad
se da por la censura social a la conducta homosexual, lo que no
necesariamente significa que esa persona sea un gay reprimido.
“Es difícil que alguien diga que le gustan los hombres.
Más todavía si le gustan los hombres y las mujeres...
El asunto es que la bisexualidad no está en el imaginario
de nuestra cultura. Existe la dicotomía heterosexual u homosexual,
o eres uno u otro, entonces si eres bisexual creen que eres homosexual
reprimido, pero la verdad es que no necesariamente es así.
Hay personas que sienten deseo sexual por ambos sexos, pero eso
no es admitido”, comenta la sicóloga.
Esta situación hace que las personas bisexuales no se sinceren
con los demás ni con ellos mismos y que exista desinformación
en sus parejas respecto a las condiciones de la relación
sexual que establecen. Estudios nacionales e internacionales dan
cuenta de que los mayores obstáculos comunicacionales sobre
orientaciones e identidad no heterosexual se encuentran en las figuras
del bisexualismo y el lesbianismo. “La gente prefiere saber
que alguien es gay y que se relaciona con hombres, antes que bisexual.
El estigma sobre esta figura es mucho más fuerte”,
dice Raurich.
PERSONAS Y NO CUERPOS
Para Irma Palma, sicóloga experta en temas de sexualidad
y académica de la Escuela de Sicología de la Universidad
de Chile, todo indica que este fenómeno no es tan marginal
como se piensa y que en sociedades como la chilena se realiza bajo
una lógica heterosexual, lo quiere decir: mientras el hombre
ejerza el rol sexual penetrador- masculino, sea esto con hombres
o mujeres, sigue teniendo la autoconcepción de “macho”
dentro del sexo, lo que explica que muchos bisexuales no se consideren
como tales. “No es como el caso de una amiga bisexual brasileña
que me decía yo me enamoro de personas, no de cuerpos , lo
que claramente refleja un cambio en la mirada”, cuenta Irma
Palma, quien postula que el dinamismo cultural de una persona perfectamente
podría expresarse en conceptos como “hoy soy heterosexual,
mañana no sé”.
La gran pregunta es si nuestra sociedad está dispuesta a
asumir esta realidad, a establecer relaciones sociales menos discriminatorias
que propendan a un sinceramiento y visibilización de estas
personas, donde cada cual pueda elegir libremente con quién
y en qué condiciones estar.
DESAFÍOS FRENTE AL SIDA
Los datos que maneja Conasida sobre la evolución epidemiológica
del VIH revelan un crecimiento sostenido de contagios por relaciones
sexuales entre hombres y mujeres en comparación con los casos
transmitidos por relaciones sexuales entre hombres. A diferencia
de los gays, que reconocen su condición sexual, los bisexuales
la esconden por miedo a la poderosa condena social que pesa sobre
ellos. Este silencio hace imposible determinar las verdadera relación
entre sida y bisexualidad o poder trabajar con esta población
sin rostro.
No obstante, las cifras de mujeres con VIH no necesariamente dan
cuenta de la bisexualidad de su pareja, aunque sí es un factor.
“Sabemos que las mujeres que adquieren el virus lo hacen a
través de relaciones sexuales con hombres, ahora ¿qué
hacen esos hombres?, no sé”, dice Anabella Arredondo.
Sin embargo, para la coordinadora ejecutiva de Conasida el tema
es, más que si la pareja puede o no ser bisexual, tener una
actitud activa frente a posibles riesgos. “En la encuesta
de comportamiento sexual, un 11% de las personas reconoció
haber tenido parejas extra a la estable, cifra que coincidió
casi exactamente con quienes dijeron sospechar que su pareja le
había sido infiel. Esto indica que muchas mujeres saben que
su pareja las engaña, pero no quieren asumirlo. Todavía
creen que el tema del sida está en la población homosexual
y por ello se sienten seguras, pese a que a veces sospechan de un
engaño. Tienen que tomar las riendas y establecer convenios
con la pareja, sincerarse, negociar, es decir, sino hay exclusividad
sexual, entonces hay condón o no hay pareja. Ella tiene la
obligación de defender su vida”.
Leyla Ramírez >>>
estraido de La Nación
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